Antecedentes
Y aquí estoy, de nuevo, tras un verano que, aunque algo solitario, ha sido bastante bueno. Pero ya se acaba lo bueno, mas muy a mi pesar no sólo se acaba el verano, las vacaciones y empiezan los exámenes, sino que también terminan aquellos días en los que te sientes bien sin saber muy bien por qué.
Los pocos que lean esto tal vez dirán que hago una montaña de un grano de arena. No digo que se equivoquen, simplemente que yo soy así y creo que siempre seré así, no puedo cambiar mi forma de ser, ni mi manera de enfocar mis propios sentimientos. Hoy voy a escribir realmente porque lo necesito, porque algo en mí se marchita al igual que pasa con flores y hojas ahora que nos acercamos al otoño. Voy a describir exactamente lo que siento, al menos lo que yo creo que siento, voy a tratar de sanar con un montón de palabras aquello que sólo el tiempo puede sanar. Voy a tratar de abrir la ventana...
Veamos, escribo a veces de una chica que conozco de unas pocas veces, una chica que, no sé cómo, ha conseguido acariciar con la yema de sus dedos el sitio dondequiera que residen los sentimientos. La verdad es que muchas veces incluso me da vergüenza pensar cómo ha podido llegar ahí con tan poco esfuerzo, con tan poco esfuerzo y con tan poco contacto. Me da vergüenza hablar de lo que creo que siento con aquellos que saben lo poco que la he visto (apenas han sido dos veces y un poco). ¿Tal vez estuviera demasiado receptivo y sensible el día en que la conocí?, no lo sé. Soy una persona fría, bastante fría y poco enamoradiza. Considero que para llegarme incluso un poco dentro hay que hacer méritos, muchos méritos. No obstante, con esta chica ha pasado completamente lo contrario: Sólo necesitó una noche, apenas 6 ó 7 horas para que hoy, seis meses después, siga pensando y escribiendo de ella.
Está bien, pasa esa noche y dos días después tengo todos los medios existentes para comunicarme con ella y «hablamos», a pesar de que esté en otra ciudad, al menos un par de horas diarias. Aquí es cuando entra el pensamiento: «Al igual que yo no lo hago con todas las chicas que conozco, ella tampoco puede hacer esto con todos los chicos ¿no?» (siquiera con otros pocos –pienso–).
Continúan los meses y albergo la esperanza de que llegue el verano, en el que no habrá exámenes ni otras preocupaciones y nos podremos ver algo más y, tal vez, dar la oportunidad de que pase algo más. Nada de eso ocurre, tan sólo tengo la ocasión de verla un día y de hablar con ella una vez y trato de dar la vuelta a las cartas, con la esperanza de que ella lo haga. Está bien, le expreso lo que siento y cómo veo las cosas y se da entonces el peor escenario posible, el que más puede ilusionar y el que más puede hundir. ¿me dice que no? No, dice un «a lo mejor» un «ahora mismo no, tal vez después de los exámenes de septiembre me aclare», «no te abro la puerta ni te doy con ella en el morro, pero tal vez en un futuro...».
Día R
De eso hacen ya dos meses y como puede verse, aquí estoy. De la misma manera (bueno, ¡qué coño!, peor). El siguiente acontecimiento es la visita a su pueblo. Ya sé de antemano que no va a estar, por lo que voy extremadamente tranquilo, pensando en pasármelo bien y disfrutar de lo poco que me queda de verano y lo poco que salgo a causa de los exámenes. Llegamos a casa de nuestra amiga, ya estamos los cuatro otra vez juntos, estoy encantado y me olvido de todo lo demás (al fin y al cabo tampoco estaba tan mal). Suena el teléfono de la casa de repente. ¿quién será? bueno, qué más da... tan sólo escucho un fragmento muy pequeño de la conversación: «Sí, vale, a las 17.30 estamos en la estación para despedirte». Esto comienza a oler mal (o bien, dentro dependiendo de donde se mire). Inmediatamente después suena mi móvil (un toque –pienso– ¿quién será?). Es ella, justo después de colgar el fijo ha decidido darme un toque, de forma que, se confirma lo que ya intuía: coge el tren a las 17.30 y vamos a ir a despedirla. Entonces comienzan a pasar por mi cabeza pensamientos que a nadie he contado por basarse sólo en intuiciones y, posiblemente, en la fuerte esperanza de que sean verdad. Mi razonamiento es el siguiente: Hay dos factores a tener en cuenta: 1. Vuelve mañana. 2. A sus amigas las habrá visto hace relativamente muy poco. Lo que me hace pensar (hechos recientes me han confirmado que estaba influido por la esperanza) que lo hace, tal vez y sólo tal vez, por verme (o porque yo la vea, quien sabe XD). Desecho esos pensamientos en seguida por falta de fundamentos lógicos y pienso en otra cosa, sin decirle a nadie que ya sabía de lo que iba la conversación. Llegan las 17.30 y andamos hacia la estación, donde allí está. He aprendido (o creía haber aprendido) que hay que fijarse mucho en los gestos subconscientes de la personas, en gestos que, tal vez siquiera pensamos en hacer pero que habitualmente tienen algún fundamento. Llegamos a la estación y allí está. Le da un abrazo a sus dos amigas y es aquí cuando entra el gesto que creía inconsciente: Hace un amago de abrazo hacia mí, pero que finalmente no da y queda en una posición un poco «ortopédica», mientras que a los otros dos chicos da dos besos normales. Vale, puede ser un gesto extraño sin ningún sentido o denotar algo del subconsciente (ya sé que fue lo primero).
Día siguiente
Después de un buen día en la feria y disfrutando de todo, sin darle importancia a nada de lo que había pasado el día anterior (tampoco la tenía), me levanto y hay un toque de ella en mi móvil (pues vale, me extraña, sí; más que nada porque siempre me quejo, aunque en silencio, de que no me da nunca ninguno y los pocos que nos damos son por iniciativa propia. ¿será por estar en su pueblo? No lo sé. Le contesto y le mando un mensaje comunicándole la decisión que tomamos la noche anterior: Nos quedamos el día entero, en lugar de irnos para comer. Me contesta diciendo que no podrá salirse probablemente. (no sé por qué pero ya lo sabía). Bueno, otro buen día, parece que cuando estoy con mis amigos todo lo demás se me olvida. Prácticamente cuando nos vamos a ir, decido comprar un detalle nimio. Desde luego no puede ser por el dinero pero esperaba que hiciera al menos algo de ilusión. Tres rosas de «papel». Desde luego, la primera y más importante para mi mejor amiga :P, y las otras dos para sus dos amigas, una de ellas, la persona de la que llevo hablando todo el tiempo (qué difícil es hablar sin nombres...). Lo cierto es que de dos conocía la reacción y fue la esperada; de la otra, la que no estaba en ese momento, la imaginaba (y esperaba que fuera así).
Por la noche me llegó un mensaje dándome gracias por el detalle, algo así como lo esperaba lo cual tal vez me hace pensar que con el resto de suposiciones estaba también acertado.
Reflexiones.
En fin, así he estado hasta hoy, en el que he hablado con mi amiga y me ha dejado las cosas claras, las cosas tal y como son.
MIi pregunta ha sido: ¿Como amiga, qué me recomendarías, que siguiera «ahí» como estoy ahora, o que pase? Es una pregunta que ya he estado a punto de hacer hace tiempo y que por diversas razones no he hecho. Sé que para mí lo mejor sería pasar, tampoco sería demasiado difícil hacerlo, teniendo en cuenta que no la veo nunca ¿no? No obstante, aún sigue la esperanza del «después de los exámenes». Su respuesta ha sido mucho más clara de lo que lo ha sido en otras muchas ocasiones y desde aquí se lo agradezco (aunque aún no he decidido si le enseñaré este escrito aún o no). Al parecer no soy la única persona con la que es de la forma en la que actúa conmigo, en definitiva, que existen otras personas a las cuales mantiene abierta la puerta tanto (o posiblemente más) que a mí. Al parecer (y como es normal) existen otros chicos que hablan con ella y están con ella y que puede que sientan algo por ella y a los cuales no les cierra la puerta «por lo que pueda pasar». Interesante, «por lo que pueda pasar», «porque no tengo por qué decir que no». Es obvio que a los otros chicos los verá más que a mí, de eso no me cabe duda. Pero entonces, ese pequeño rinconcito de la mal llamada «esperanza», que para bien o para mal sigue existiendo, aunque reducido a menos de la mitad tiene algo que decir: Si en algún momento fue cierto que, digamos «se rayara» por mí y, por alguna misteriosa alineación de astros pensara en mí de forma diferente a como lo hace con el resto de los mortales (con excepciones como las mencionadas, claro) incluso sin apenas verme y tan solo leyendo unas pocas palabras que incluso podrían haber sido escritas por otra persona, ¿qué ocurriría si me viera algo más y compartiera algo más conmigo? Suponiendo que esté a la misma «altura» que los otros que la ven todos los días (o casi), sin que a mí a penas me vea...
En fin... ya lo sabéis, en este mundo no se consuela quien no puede y lo aseguro, desde mi parte racional estoy tratando de enviar la orden de olvidarla, pues tampoco hemos pasado muchas cosas juntos (ninguna XD), pero estoy seguro que siempre mantendré la esperanza de que ocurra algo y, en el momento en que venga y nos veamos, y si pasara lo mismo que pasó la primera noche todo este esfuerzo que haré se irá al traste sin apenas esfuerzo de ella.
Como penúltima cosa me gustaría decir algo: Me molesta y me indigna esta situación no por ella, sino por mí y sólo por mí, porque soy tonto, porque parece impresionante que siempre me tenga que fijar en quien no debo y con quien no conseguiré nunca nada y más aún fijarme en una que ni siquiera es capaz de cerrarme la puerta, sino que tan sólo es valiente para dejarla entornada. ¡Cómo me gustaría que la hubiera cerrado tiempo ha!
Aquí termina lo más largo que he escrito, espero no haber aburrido y lo siento si hay faltas de ortografía o errores gramaticales, pero no tengo tiempo para volverlo a leer todo, tengo que ponerme a estudiar ya, que he perdido cerca de una hora escribiendo esto, aunque creo que me ha servido bastante.




