martes 9 de septiembre de 2008

Reflecxionando

Antecedentes


Y aquí estoy, de nuevo, tras un verano que, aunque algo solitario, ha sido bastante bueno. Pero ya se acaba lo bueno, mas muy a mi pesar no sólo se acaba el verano, las vacaciones y empiezan los exámenes, sino que también terminan aquellos días en los que te sientes bien sin saber muy bien por qué.


Los pocos que lean esto tal vez dirán que hago una montaña de un grano de arena. No digo que se equivoquen, simplemente que yo soy así y creo que siempre seré así, no puedo cambiar mi forma de ser, ni mi manera de enfocar mis propios sentimientos. Hoy voy a escribir realmente porque lo necesito, porque algo en mí se marchita al igual que pasa con flores  y hojas ahora que nos acercamos al otoño. Voy a describir exactamente lo que siento, al menos lo que yo creo que siento, voy a tratar de sanar con un montón de palabras aquello que sólo el tiempo puede sanar. Voy a tratar de abrir la ventana...


Veamos, escribo a veces de una chica que conozco de unas pocas veces, una chica que, no sé cómo, ha conseguido acariciar con la yema de sus dedos el sitio dondequiera que residen los sentimientos. La verdad es que muchas veces incluso me da vergüenza pensar cómo ha podido llegar ahí con tan poco esfuerzo, con tan poco esfuerzo y con tan poco contacto. Me da vergüenza hablar de lo que creo que siento con aquellos que saben lo poco que la he visto (apenas han sido dos veces y un poco). ¿Tal vez estuviera demasiado receptivo y sensible el día en que la conocí?, no lo sé. Soy una persona fría, bastante fría y poco enamoradiza. Considero que para llegarme incluso un poco dentro hay que hacer méritos, muchos méritos. No obstante, con esta chica ha pasado completamente lo contrario: Sólo necesitó una noche, apenas 6 ó 7 horas para que hoy, seis meses después, siga pensando y escribiendo de ella.


Está bien, pasa esa noche y dos días después tengo todos los medios existentes para comunicarme con ella y «hablamos», a pesar de que esté en otra ciudad, al menos un par de horas diarias. Aquí es cuando entra el pensamiento: «Al igual que yo no lo hago con todas las chicas que conozco, ella tampoco puede hacer esto con todos los chicos ¿no?» (siquiera con otros pocos –pienso–).


Continúan los meses y albergo la esperanza de que llegue el verano, en el que no habrá exámenes ni otras preocupaciones y nos podremos ver algo más y, tal vez, dar la oportunidad de que pase algo más. Nada de eso ocurre, tan sólo tengo la ocasión de verla un día y de hablar con ella una vez y trato de dar la vuelta a las cartas, con la esperanza de que ella lo haga. Está bien, le expreso lo que siento y cómo veo las cosas y se da entonces el peor escenario posible, el que más puede ilusionar y el que más puede hundir. ¿me dice que no? No, dice un «a lo mejor» un «ahora mismo no, tal vez después de los exámenes de septiembre me aclare», «no te abro la puerta ni te doy con ella en el morro, pero tal vez en un futuro...».


Día R


De eso hacen ya dos meses y como puede verse, aquí estoy. De la misma manera (bueno, ¡qué coño!, peor). El siguiente acontecimiento es la visita a su pueblo. Ya sé de antemano que no va a estar, por lo que voy extremadamente tranquilo, pensando en pasármelo bien y disfrutar de lo poco que me queda de verano y lo poco que salgo a causa de los exámenes. Llegamos a casa de nuestra amiga, ya estamos los cuatro otra vez juntos, estoy encantado y me olvido de todo lo demás (al fin y al cabo tampoco estaba tan mal). Suena el teléfono de la casa de repente. ¿quién será? bueno, qué más da... tan sólo escucho un fragmento muy pequeño de la conversación: «Sí, vale, a las 17.30 estamos en la estación para despedirte». Esto comienza a oler mal (o bien, dentro dependiendo de donde se mire). Inmediatamente después suena mi móvil (un toque –pienso– ¿quién será?). Es ella, justo después de colgar el fijo ha decidido darme un toque, de forma que, se confirma lo que ya intuía: coge el tren a las 17.30 y vamos a ir a despedirla. Entonces comienzan a pasar por mi cabeza pensamientos que a nadie he contado por basarse sólo en intuiciones y, posiblemente, en la fuerte esperanza de que sean verdad. Mi razonamiento es el siguiente: Hay dos factores a tener en cuenta: 1. Vuelve mañana. 2. A sus amigas las habrá visto hace relativamente muy poco. Lo que me hace pensar (hechos recientes me han confirmado que estaba influido por la esperanza) que lo hace, tal vez y sólo tal vez, por verme (o porque yo la vea, quien sabe XD). Desecho esos pensamientos en seguida por falta de fundamentos lógicos y pienso en otra cosa, sin decirle a nadie que ya sabía de lo que iba la conversación. Llegan las 17.30 y andamos hacia la estación, donde allí está. He aprendido (o creía haber aprendido) que hay que fijarse mucho en los gestos subconscientes de la personas, en gestos que, tal vez siquiera pensamos en hacer pero que habitualmente tienen algún fundamento. Llegamos a la estación y allí está. Le da un abrazo a sus dos amigas y es aquí cuando entra el gesto que creía inconsciente: Hace un amago de abrazo hacia mí, pero que finalmente no da y queda en una posición un poco «ortopédica», mientras que a los otros dos chicos da dos besos normales. Vale, puede ser un gesto extraño sin ningún sentido o denotar algo del subconsciente (ya sé que fue lo primero).


Día siguiente


Después de un buen día en la feria y disfrutando de todo, sin darle importancia a nada de lo que había pasado el día anterior (tampoco la tenía), me levanto y hay un toque de ella en mi móvil (pues vale, me extraña, sí; más que nada porque siempre me quejo, aunque en silencio, de que no me da nunca ninguno y los pocos que nos damos son por iniciativa propia. ¿será por estar en su pueblo? No lo sé. Le contesto y le mando un mensaje comunicándole la decisión que tomamos la noche anterior: Nos quedamos el día entero, en lugar de irnos para comer. Me contesta diciendo que no podrá salirse probablemente. (no sé por qué pero ya lo sabía). Bueno, otro buen día, parece que cuando estoy con mis amigos todo lo demás se me olvida. Prácticamente cuando nos vamos a ir, decido comprar un detalle nimio. Desde luego no puede ser por el dinero pero esperaba que hiciera al menos algo de ilusión. Tres rosas de «papel». Desde luego, la primera y más importante para mi mejor amiga :P, y las otras dos para sus dos amigas, una de ellas, la persona de la que llevo hablando todo el tiempo (qué difícil es hablar sin nombres...). Lo cierto es que de dos conocía la reacción y fue la esperada; de la otra, la que no estaba en ese momento, la imaginaba (y esperaba que fuera así).


Por la noche me llegó un mensaje dándome gracias por el detalle, algo así como lo esperaba lo cual tal vez me hace pensar que con el resto de suposiciones estaba también acertado. 


Reflexiones.


En fin, así he estado hasta hoy, en el que he hablado con mi amiga y me ha dejado las cosas claras, las cosas tal y como son.


MIi pregunta ha sido: ¿Como amiga, qué me recomendarías, que siguiera «ahí» como estoy ahora, o que pase? Es una pregunta que ya he estado a punto de hacer hace tiempo y que por diversas razones no he hecho. Sé que para mí lo mejor sería pasar, tampoco sería demasiado difícil hacerlo, teniendo en cuenta que no la veo nunca ¿no? No obstante, aún sigue la esperanza del «después de los exámenes». Su respuesta ha sido mucho más clara de lo que lo ha sido en otras muchas ocasiones y desde aquí se lo agradezco (aunque aún no he decidido si le enseñaré este escrito aún o no). Al parecer no soy la única persona con la que es de la forma en la que actúa conmigo, en definitiva, que existen otras personas a las cuales mantiene abierta la puerta tanto (o posiblemente más) que a mí. Al parecer (y como es normal) existen otros chicos que hablan con ella y están con ella y que puede que sientan algo por ella y a los cuales no les cierra la puerta «por lo que pueda pasar». Interesante, «por lo que pueda pasar», «porque no tengo por qué decir que no». Es obvio que a los otros chicos los verá más que a mí, de eso no me cabe duda. Pero entonces, ese pequeño rinconcito de la mal llamada «esperanza», que para bien o para mal sigue existiendo, aunque reducido a menos de la mitad tiene algo que decir: Si en algún momento fue cierto que, digamos «se rayara» por mí y, por alguna misteriosa alineación de astros pensara en mí de forma diferente a como lo hace con el resto de los mortales (con excepciones como las mencionadas, claro) incluso sin apenas verme y tan solo leyendo unas pocas palabras que incluso podrían haber sido escritas por otra persona, ¿qué ocurriría si me viera algo más y compartiera algo más conmigo? Suponiendo que esté a la misma «altura» que los otros que la ven todos los días (o casi), sin que a mí a penas me vea...


En fin... ya lo sabéis, en este mundo no se consuela quien no puede y lo aseguro, desde mi parte racional estoy tratando de enviar la orden de olvidarla, pues tampoco hemos pasado muchas cosas juntos (ninguna XD), pero estoy seguro que siempre mantendré la esperanza de que ocurra algo y, en el momento en que venga y nos veamos, y si pasara lo mismo que pasó la primera noche todo este esfuerzo que haré se irá al traste sin apenas esfuerzo de ella.


Como penúltima cosa me gustaría decir algo:  Me molesta y me indigna esta situación no por ella, sino por mí y sólo por mí, porque soy tonto, porque parece impresionante que siempre me tenga que fijar en quien no debo y con quien no conseguiré nunca nada y más aún fijarme en una que ni siquiera es capaz de cerrarme la puerta, sino que tan sólo es valiente para dejarla entornada. ¡Cómo me gustaría que la hubiera cerrado tiempo ha!


Aquí termina lo más largo que he escrito, espero no haber aburrido y lo siento si hay faltas de ortografía o errores gramaticales, pero no tengo tiempo para volverlo a leer todo, tengo que ponerme a estudiar ya, que he perdido cerca de una hora escribiendo esto, aunque creo que me ha servido bastante.


domingo 25 de mayo de 2008

¡Cuánto han cambiado las cosas!



Hace 365,25 días hoy era un día especial en mi vida. Hace poco estaba cenando en un hotel, rodeado de gente que no hacía más que sonreír, olvidado de todas las preocupaciones del exterior, con una chaqueta sobre los hombros, una corbata atada a mi cuello y una mano agarrada a la mía. La mano de alguien a quien quería y aún aprecio, la mano de una chica, la única chica que me ha abrazado de verdad.

Hace un año me sentía la persona más feliz del mundo, y lo cierto es que la irradiaba. Hoy... hoy también me siento la persona más feliz del mundo, de otra forma, pero en misma intensidad. No obstante, me siento apenado por lo que hubo, por lo que pasamos juntos y por lo que desapareció sin tener motivos para ello, todo por unas «estúpidas prioridades». No te confundas, no me lamento de nada, por mucho que lo haya podido decir.

Se trata de una época de mi vida; una época dorada, ciertamente. En ella descubrí muchas cosas, aprendí a querer, a abrazar de corazón. El tiempo no se paraba cuando estábamos juntos, las  tardes, los días se sucedían uno tras otro sin quererlo, la cuenta atrás llegaba a su fin...

Sin embargo, no hubo tiempo suficiente para que cayera el último grano de arena, decidiste terminar antes: te precipitaste, lo sabes y te arrepentiste, pero tu orgullo no fue capaz de enmendar ese error. No lo echo en cara, fue un camino.

En ese momento no me di cuenta de la oportunidad que la vida me había puesto en bandeja, la de huir de un destino que acabaría parasitándome. Ahí seguí, recreándome en recuerdos pasados, en los efluvios del cariño que hubo, en aquellos abrazos, aquellas tardes de verano, aquellas noches que compartimos. Seguía, en sueños, bañándome una y otra vez en aquella piscina en la que debí abrir de una vez los ojos, un 26 de agosto.

Hasta que como dicen, «el tiempo lo cura todo» y así hizo. Me hizo quitarme una venda que tenía en los ojos, darme cuenta de todo, de la pérdida de tiempo que suponía seguir lamentándome. 

En cambio tú pensaste que al irte seguiría esperándote por siempre, que tendrías indefinidamente una vida aquí, un lugar entre nosotros, una silla en la que sentarte, un hombro sobre el que llorar y un círculo en el que opinar.  Esta no es ya más tu vida, tomaste una decisión, priorizaste y así te irá. Y ahora que te das cuenta pareces indignada. Las relaciones hay que regarlas y cuidarlas, como un jardín al que le das todo tu cariño, comprensión y dedicación.

La culpa no es más que tuya, las personas tienen un límite y finalmente terminan por cansarse de romper una y otra vez la «ley del intercambio equivalente», ya estoy harto de dar mucho a cambio de poco, de que la semilla no germine, de mantener una amistad a costa de mi esfuerzo, de mi tolerancia, de mi lealtad,  de mi prudencia, de mi fuerza de voluntad, de mi paciencia, de mi perseverancia y de mi cariño.

No es despecho, es indiferencia. Ahora soy feliz. Feliz sin ti. Otras personas llenan ese espacio vacío que dejaste tras tu marcha.  La cicatriz ya ha cerrado. Ya no me duele hablar de ti sabiendo que nunca te tendré, porque ya no quiero tenerte.

Que Caronte te aparte de mi mundo, porque no más tienes lugar en él; no intentes hacer más daño, porque no podrás: el viaje ya está pagado. Disfruta de las dulces y plácidas aguas del Aqueronte.

«Smile without a reason why»



Una imagen vale más que mil palabras. Aquí estoy, cerca de la una de la madrugada, escribiendo como me siento, tratando de explicar algo inexplicable, porque ni siquiera yo sé qué me pasa, ni siquiera sé qué ha ocurrido para que este sentimiento tenga tantas ganas de salir.

Estoy feliz, sí, con todas las letras. Llevo unos días con ese sentimiento tan bonito dentro de mí, que sale en forma de una sonrisa, a veces incluso estúpida, cuando hablo con alguien; que se manifiesta, a veces, incluso en humedecimiento de los ojos; que ha provocado que hoy me levante hiperactivo y no pasivo, como llevaba bastante tiempo.

En fin, así es la vida y así es el ser humano: inestable. Y es esto lo que nos da vida, lo que nos hace sentir bien y mal, lo que nos hace pensar, reflexionar, razonar, llorar, reír, etc. todos aquéllos verbos que indican acciones que tan sólo nosotros y no los animales, podemos hacer (o sufrir). Como digo, somos inestables, pasamos de estar muy mal, de sentir que el mundo se nos viene encima y estar «peleados» con él y con la sociedad, a amar. Sí, amar estar vida, amar nuestra naturaleza, nuestros altibajos y nuestros sentimientos y sobretodo amar el hecho de que podamos expresarlos como ahora mismo lo estoy haciendo.

Escribo este texto sabiendo que pocos me leen y que a menos de ellos ayudaré, sin embargo este texto ya habrá cumplido su cometido si consigo arrancar una simple sonrisa a algún lector. Sé que la vida puede ser dura, que podemos tener muchas cosas que nos atosiguen, que podemos estar agobiados con los estudios (yo lo estoy, aunque no doy signo de ello), que podemos tener pequeñas rencillas con otras personas, que podemos tener un amor no correspondido, etc. no importa, piensa por una vez en lo que tienes y no en lo que deseas, suprime esa visión de futuro que, simultáneamente, tan grandes y tan miserables nos hace.

Piensa en positivo, «La vita è bella», piensa en el beneficio que obtienes dándole vueltas a las cosas: ninguno. En muchas ocasiones nuestra gran virtud es nuestra mayor perdición; en muchas, no merece la pena pensar, no merece dar vueltas a problemas que no tienen solución...¡porque no la hay! No siempre es necesario actuar sobre algo, a menudo es mejor dejar que las cosas fluyan por su cauce, sin intervenir en su devenir.

Y como dice el título de esta entrada, «Sonríe sin tener un porqué», siempre vienen tiempos mejores y siempre se está a tiempo de retractarse de cosas que se dijeron en un pasado, como los textos que escribí anteriormente. Pero bueno, este es el objetivo en nuestra vida: la evolución a nivel personal.

Citando a una fuente de inspiración: «Sé y haz».

sábado 24 de mayo de 2008

Psicología...

Bueno, después del pequeño parón después de la racha que llevaba escribiendo todos los días, vuelvo a la carga... :P

La verdad es que el hecho de que escriba menos indica que mi estado anímico es algo mejor y este no me inspira tanto como lo hacía el otro... pero bueno, para nada quiero que volver al pasado, jeje.

En fin, hoy escribo para contar una historia y hacer una reflexión. Voyons voir:

Da miedo, en ocasiones, ver lo imprevisible que puede resultar el ser humano, el hecho de que alguien reaccione de la forma en la que menos cabría esperar. No obstante, también resulta absolutamente apabullante el hecho de que, en el momento en que conoces algo de la persona en cuestión, puedes hacer que se comporte como tú realmente buscabas.

Esto es, en cierto modo, algo carente de moral pero que, en ocasiones, es necesario utilizar. 

Puede que, en un principio, una persona te de la impresión de que la conoces cuasi-perfectamente, pero que no obstante te sorprende de la manera que menos gustarías. Generalmente es inevitable y solo le ocurre a incautos que creen que la conocen. Por ejemplo: Yo.

En cambio, una vez te has dado cuenta de que realmente no la conoces es cuando comienzas a conocerla de verdad, a llegar al fondo de su personalidad, a comprender el porqué de sus actos, de sus actitudes, de sus cabreos, etc. En definitiva: de su forma de ser. Es en este momento en el que puedes actuar sobre sus bases, atacar cimientos básicos porque sabes cómo va a reaccionar.

Algunos de los que me leen habrán escuchado sobre «hacking reality», pues bien, por analogía directa, esto podríamos denominarlo como «hacking personality».

Utilizando este símil, podemos explicar muchas de las cosas que he dicho antes, por ejemplo, al igual que un hacker que se sienta delante de una pantalla y analiza el código busca su punto débil, sabiendo cómo va a reaccionar el programa cuando cambie una determinada función. Los buenos hackers no son los que hacen que algo deje de funcionar, eso es fácil, en cuanto llegas al código, borras lo que sabes esencial y el programa muere; no, los buenos hackers hacen que el programa funcione tal y como ellos buscan que lo haga (en cierto modo, mejor, al menos desde su perspectiva).

Pues bien, esto último es lo que buscaremos que pase, que el programa funcione tal y como queremos que lo haga, cambiando funciones, cambiando la estructura o lo que haga falta. Cuando se trata de «hacking personality», esta tarea se vuelve harto difícil, a menos que queramos meter la pata y hacer que el «programa» bloquee nuestra MAC address :P

Es necesario tocar ciertos puntos importantes, aplicar una cierta psicología «de choque» y sobretodo aplicar algo que se cumple en todos, absolutamente todos los seres humanos que hay sobre la faz de la tierra: «Si quieres algo: déjalo marchar. Si no vuelve, nunca fue tuyo»

Esto se puede aplicar, como digo, en  mayor o menos medida, a todos los aspectos de la vida.  Si aplicamos esto, cosas pueden ir mejor.

Tal ves no sería necesario aplicar esta frase de una forma radical, sino que en ocasiones es mejor mantener las distancias, las personas se cansan de algo que ven todos los días y es en este momento en el que sugen los problemas, por lo que, si sabemos donde está la raíz de un problema futuro, podemos actuar en consecuencia. En el momento en que el problema aparece, es cuando tiene que entrar en juego nuestra mejor baza, cuando tenemos que aplicar psicología «de choque», cuando recurrimos al «hacking».

Por eso, en conclusión, deberíamos sacar que, cual burro que persigue la zanahoria, hay que mantener una cierta distancia, dejar que se acerque en ocasiones, pero que realmente esté lejos, pensar que te tiene pero sorprenderle con lo contrario, en resumen: desequilibrar.

Puede sonar triste que haya que actuar de esta forma en la vida, tanto para las amistades como para las parejas, pero muchos palos (y los que quedan) hacen caer en la cuenta de que no vivimos en una novela y de que el mundo no es de color de rosa. Y esto no es manipulación, es un poco de ingeniería inversa (para entenderlo) e inyección de código (para reaccionar).

Y sin más, recuerda... si quieres tener el océano... introduce tus manos, todo él fluirá a través de ellas, tendrás en ellas agua de todas partes del mundo, pero si las cierras, no podrás coger más que una muy pequeña parte de él.

martes 20 de mayo de 2008

¿Errores?



Hoy es uno de esos días en los que te planteas qué hiciste mal. En serio, me lo planteo seriamente.

Está claro que cuando una cosa deja de funcionar cuando antes funcionaba, algo ha pasado. Eso mismo me planteo yo. El hecho de pasar de tener contacto cuasi-permanente con una persona, a no hablar en unos cuantos días se me hace, cuanto menos, extraño.

Algunos abogarían por el agobio y el cansancio, tal vez. No obstante, en mi humilde opinión, cuando algo te interesa e importa de veras buscas tiempo, lugar y espacio donde sea para poder centrar algo de tu atención en ello. Si no, verdaderamente, no te importa.

Muchos otros dicen: «cada persona es diferente». Vale, tienes razón; sin embargo, en el fondo todos tenemos las misma prioridades y, en este caso, las de la otra persona están claras, pues ni siquiera parece aportarle nada comunicarse conmigo (algo me quiere hacer pensar que un día no muy lejano sí que le aportó algo)

No, no estoy ni triste, ni decaído, ni enfadado, ni depechado, ni ningún otro adjetivo que se te pueda ocurrir aparte del sustantivo decepción. Exactamente eso es lo que siento, decepción.  No por otra persona, sino por mí mismo, por ilusionarme por algo que siquiera tenía pies ni cabeza, por no predecir acontecimientos y por dejarme llevar por unas cosas que evitan que piense con claridad: los sentimientos.

Ahora mismo me siento decepcionado e identificado con la foto que he subido. Y también, definitivamente, algo debo haber hecho mal, algo que haga que la relación con una persona que me importaba y que me sigue importando se enfríe. ¿El qué? No lo sé ni quiero preguntar, se vive mucho mejor en la ignorancia...

«Cualquier tiempo pasado fue mejor»

lunes 19 de mayo de 2008

«Vita flumen»






Me encanta ver cómo ahora puedo creer que tengo las cosas claras, que estoy muy bien, que ya no pensare más en lo que no debo pensar, que dejaré las cosas fluir tal y como deben fluir porque al fin y cabo así lo harán, quiera yo o no. Pero sin embargo, sé que no será así, sé que, al igual que el otro día escribía sobre lo que me preocupaba, volveré a hacerlo dentro de unos días. Así es, un ciclo que posiblemente no acabe.

Pero en cambio hoy me gustaría hablar de algo, de una comparación que se me ocurrió hace días y que, constituye un tópico literario por sí mismo, pero que me ha hecho pensar algunas cosas que me gustaría plasmar aquí.

Y es que la vida es como un río, donde el tiempo y la acción es el agua y nosotros somos las los «cantos rodados» de la imagen.

Es asombroso cómo nuestra vida puede cambiarse simplemente por una modificación en esa corriente de agua, esa corriente que nos arrastra inexorablemente a nuestro destino, ese tiempo. No obstante, esa corriente indudablemente está influenciada por todos aquellos que están a nuestro alrededor, nuestros amigos y enemigos, nuestros parientes, nuestros conocidos e incluso nuestros profesores pueden cambiar el flujo vital (nuestro y de todos).

Podríamos quedarnos en esta simple reflexión o ver un poco más allá. Si seguimos el mismo ejemplo, nos podemos dar cuenta de que, entonces, cualquier persona que se relacione con los demás está siempre jugando con el destino, no sólo el suyo propio, sino también el otros. Un simple hecho, un sencillo gesto o una determinada actitud pueden condicionar la vida de una persona y no, no estoy siendo demasiado drástico. 

¿Adónde quiero llegar con esto? Porque todos lo sabemos... sabemos que nosotros, como seres sociales, actuamos y actúan sobre nuestra vida y nuestro devenir. Obviamente no podemos vivir pensando (¿o pensar viviendo? ya hablaremos de eso otro día, jeje) y teniendo cuidado con cada acto pero sí que podemos ser algo más conscientes de lo que somos y de las consecuencias de nuestro actos, tratando de no ser tan egoístas como acostumbramos a ser.

En fin, hablando con una amiga esta noche me he dado cuenta de que no somos más que piedras en el camino del tiempo. Corriente que pasa por encima y entre nosotros, que nos impregna y arrastra, pero que cada uno podemos modificar con nuestras acciones, modificando a la vez el flujo que se dirije hacia los demás.

Y sí, definitivamente hoy tengo las cosas claras y es a eso a lo que me refiero con la alegoría de las piedras y el río, a que simplemente una conversación (¡una simple conversación!) puede cambiar completamente el devenir de las cosas. Yo hoy tenía pensado algo, tenía una decisión, obviamente no estaba basada en unos pilares y argumentos fuertes; sin embargo, como digo, era una decisión. Cuando hablas con una persona y cambias de opinión y te das cuenta de que la decisión que acabas de tomar puede que cambie totalmente el curso de los acontecimientos te sientes tan pequeño como una minúscula piedra en el Amazonas.

No es que simplemente esta decisión cambie el hecho que, a priori, puede verse claramente. Es algo más allá, es una cadena de acontecimientos ciertamente interminable y en la que no puedo, ni querría meterme. Así, lo único que se puede hacer ante esta situación es pensar que la decisión que tomaste es la correcta y olvidarte de los otros caminos que podrías haber tomado, convirtiéndote en un mero observador del fluir de tu vida, expectante, paciente.

Y sí, el río sigue fluyendo, al fin y al cabo, es lo que nos aporta diversión a nuestras vidas ¿no? ¿Qué sería de nosotros y de nuestra integridad mental si fuésemos dueños completos de nuestra vida y devenir? Contesto: Un caos.

Cierro este texto con una frase que siempre me dice una amiga:

«Lo que tenga que ser, será»

sábado 17 de mayo de 2008

Tal vez sí merezca la pena

Bueno... no siempre voy a escribir para contar cómo me siento de mal... también hay momentos en los que no ha ocurrido nada bueno en especial pero que, a pesar de ello, me siento bien.

Parece impresionante lo que puede hacer una conversación a tiempo, el salir a la calle simplemente por anda y sentir el aire en la calle mientras andas con tu música favorita en el ipod, etc. Parece increíble el efecto que puede tener en ti, cómo puede hacer que tengas una visión algo más positiva de lo que ocurre, cómo puede hacer que tengas que retractarte de todo lo que dijiste en los textos anteriores.

En fin, es lo que hay. No puedo escribir mucho acerca de este estado porque parece que sólo me inspira el otro :P que tiene más de lo que hablar.

Con esto concluyo que, al fin y al cabo: tal vez y sólo tal vez,  sí que merezca la pena intentarlo.